SOBRE LAS FLORES DE CHUMBO (dos).
Jazmín nos llena de esencias con sus poesías. Pone en funcionamiento uno de los sentidos el olfativo, que arrancan nuestras pasiones por las cosas perdidas y añoradas de propios y extraños sobre nuestro pueblo. Yo no entiendo mucho de escribir sobre los sentidos – como de tantos otros temas – pero la mayoría se van estropeando o atrofiando e incluso llegan a anularse menos el de la nuestra nariz.
Con los ojos cerrados – ella nos traslada a nuestro pueblo – al jazmín más grande que había en Benínar que estaba en la casa de Facundo y nos sienta en el malecón de la carretera para mientras charlábamos cuando éramos más jóvenes respirásemos el inconfundible olor a jazmín. En nuestra nariz, percibimos quién se acerca y quien se retira de donde estamos por el olor que nos llega por el olor que se marcha.
Cada vez que se lo planta es capaz que nos creamos que estamos sentados en la puerta charlando con algún paisano en alguna calle del pueblo al fresco con tan solo tres o cuatro palabras.
Indaloxes ha asumido el papel de cuenta historias – no dé cuenta cuentos, puesto que, nos pone en pantalla lo que escribieron los benineros en tiempos de Mariacastanos - LA HISTORIA DE NUESTROS ANTEPASADOS, que nos deja a todos con la boca abierta por lo que no sabíamos de los que se marcharon y nos dejaron casas, calles, árboles, balates, (…).
Identidad beninera.
Los que crearon nuestras costumbres.
Ha sido capaz que caigamos en la cuenta que somos ignorantes de nuestro pasado. Si no llega a ser por él lo poquito que sabíamos de la Historia de España, - que ya se nos había olvidado la que aprendimos en la escuela - seguiría sin interesarnos. Nos ha creado la necesidad que necesitamos volver a retomarla; la tenemos que volver otra vez a repasar puesto que, resulta, – estamos llegando a la conclusión - que en la historia de La Alpujarra, de Almería, de Andalucía, tiene dentro, también está escrita NUESTRA HISTORIA, LA DE BENINAR.
Hasta ahora ningún paisano nos había dicho que nuestros antepasados con nombres y apellidos forman parte de la HISTORIA DE ESPAÑA, y que además eran benineros. Alguno de los nombres que aparecen en sus comunicados, seguro, sembraron los olivos que muchos de nosotros todos los años cogimos sus aceitunas.
Hemos caído en la cuenta que nuestra generación no ha sembrado un árbol para generaciones que llegarán. ¡Seguro que llega!.
Ya estamos intrigados por conocer mucho más y no nos vale que al acudir a nuestros mayores – la memoria les falla – y nos contestan:
- “!De eso no me acuerdo!. ¡Eso eran en los tiempos de Maríacastaño!”.
lunes, 18 de mayo de 2009
SOBRE LAS FLORES DE CHUMBO (dos)
SOBRE LAS FLORES DE CHUMBO (dos).
Jazmín nos llena de esencias con sus poesías. Pone en funcionamiento uno de los sentidos el olfativo, que arrancan nuestras pasiones por las cosas perdidas y añoradas de propios y extraños sobre nuestro pueblo. Yo no entiendo mucho de escribir sobre los sentidos – como de tantos otros temas – pero la mayoría se van estropeando o atrofiando e incluso llegan a anularse menos el de la nuestra nariz.
Con los ojos cerrados – ella nos traslada a nuestro pueblo – al jazmín más grande que había en Benínar que estaba en la casa de Facundo y nos sienta en el malecón de la carretera para mientras charlábamos cuando éramos más jóvenes respirásemos el inconfundible olor a jazmín.
En nuestra nariz, percibimos quién se acerca y quien se retira de donde estamos por el olor que nos llega por el olor que se marcha.
Cada vez que se lo planta es capaz que nos creamos que estamos sentados en la puerta charlando con algún paisano en alguna calle del pueblo al fresco con tan solo tres o cuatro palabras.
Indaloxes ha asumido el papel de cuenta historias – no dé cuenta cuentos, puesto que, nos pone en pantalla lo que escribieron los benineros en tiempos de Mariacastanos - LA HISTORIA DE NUESTROS ANTEPASADOS, que nos deja a todos con la boca abierta por lo que no sabíamos de los que se marcharon y nos dejaron casas, calles, árboles, balates, (…).
Identidad beninera.
Los que crearon nuestras costumbres.
Ha sido capaz que caigamos en la cuenta que somos ignorantes de nuestro pasado. Si no llega a ser por él lo poquito que sabíamos de la Historia de España, - que ya se nos había olvidado la que aprendimos en la escuela - seguiría sin interesarnos. Nos ha creado la necesidad que necesitamos volver a retomarla; la tenemos que volver otra vez a repasar puesto que, resulta, – estamos llegando a la conclusión - que en la historia de La Alpujarra, de Almería, de Andalucía, tiene dentro, también está escrita NUESTRA HISTORIA, LA DE BENINAR.
Hasta ahora ningún paisano nos había dicho que nuestros antepasados con nombres y apellidos forman parte de la HISTORIA DE ESPAÑA, y que además eran benineros. Alguno de los nombres que aparecen en sus comunicados, seguro, sembraron los olivos que muchos de nosotros todos los años cogimos sus aceitunas.
Hemos caído en la cuenta que nuestra generación no ha sembrado un árbol para generaciones que llegarán. ¡Seguro que llega!.
Ya estamos intrigados por conocer mucho más y no nos vale que al acudir a nuestros mayores – la memoria les falla – y nos contestan:
- “!De eso no me acuerdo!. ¡Eso eran en los tiempos de Maríacastaño!”.
Jazmín nos llena de esencias con sus poesías. Pone en funcionamiento uno de los sentidos el olfativo, que arrancan nuestras pasiones por las cosas perdidas y añoradas de propios y extraños sobre nuestro pueblo. Yo no entiendo mucho de escribir sobre los sentidos – como de tantos otros temas – pero la mayoría se van estropeando o atrofiando e incluso llegan a anularse menos el de la nuestra nariz.
Con los ojos cerrados – ella nos traslada a nuestro pueblo – al jazmín más grande que había en Benínar que estaba en la casa de Facundo y nos sienta en el malecón de la carretera para mientras charlábamos cuando éramos más jóvenes respirásemos el inconfundible olor a jazmín.
En nuestra nariz, percibimos quién se acerca y quien se retira de donde estamos por el olor que nos llega por el olor que se marcha.
Cada vez que se lo planta es capaz que nos creamos que estamos sentados en la puerta charlando con algún paisano en alguna calle del pueblo al fresco con tan solo tres o cuatro palabras.
Indaloxes ha asumido el papel de cuenta historias – no dé cuenta cuentos, puesto que, nos pone en pantalla lo que escribieron los benineros en tiempos de Mariacastanos - LA HISTORIA DE NUESTROS ANTEPASADOS, que nos deja a todos con la boca abierta por lo que no sabíamos de los que se marcharon y nos dejaron casas, calles, árboles, balates, (…).
Identidad beninera.
Los que crearon nuestras costumbres.
Ha sido capaz que caigamos en la cuenta que somos ignorantes de nuestro pasado. Si no llega a ser por él lo poquito que sabíamos de la Historia de España, - que ya se nos había olvidado la que aprendimos en la escuela - seguiría sin interesarnos. Nos ha creado la necesidad que necesitamos volver a retomarla; la tenemos que volver otra vez a repasar puesto que, resulta, – estamos llegando a la conclusión - que en la historia de La Alpujarra, de Almería, de Andalucía, tiene dentro, también está escrita NUESTRA HISTORIA, LA DE BENINAR.
Hasta ahora ningún paisano nos había dicho que nuestros antepasados con nombres y apellidos forman parte de la HISTORIA DE ESPAÑA, y que además eran benineros. Alguno de los nombres que aparecen en sus comunicados, seguro, sembraron los olivos que muchos de nosotros todos los años cogimos sus aceitunas.
Hemos caído en la cuenta que nuestra generación no ha sembrado un árbol para generaciones que llegarán. ¡Seguro que llega!.
Ya estamos intrigados por conocer mucho más y no nos vale que al acudir a nuestros mayores – la memoria les falla – y nos contestan:
- “!De eso no me acuerdo!. ¡Eso eran en los tiempos de Maríacastaño!”.
domingo, 17 de mayo de 2009
LAS FLORES DE LOS CHUMBOS (uno)
VUELVEN LAS FLORES DE LOS CHUMBOS. (uno).
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparece en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparece en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
VUELVEN LAS FLORES DE LOS CHUMBOS
VUELVEN LAS FLORES DE LOS CHUMBOS. (uno).
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparecer en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.
De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparecer en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.
De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
VUELVEN LAS FLORES DE CUMBOS
VUELVEN LAS FLORES DE LOS CHUMBOS. (uno).
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.
Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparece en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.
De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
Ya hace casi un año que uno de los primeros escritos que aparecía en plaza de Benínar era precisamente la foto de la flor de un chumbo.
Hoy me he encontrado con ella otra vez en una de las pencas que tengo en el huerto.
Hasta hace un año existían sentimientos, historias dispersas, fotos en muchos archivos, emociones (…) dispersos y a punto de desaparece en el olvido y hoy para los benineros es diferente.
Volvemos a pasar por la ITV de los sentimientos que fueron marcados cuando nacimos. Como se identifican madre e hijo en la manada.
Me he vuelto a encontrar con muchos escritos – en la mente claro está - que han ido apareciendo sobre nuestro querido pueblo.
De la exposición de fotos en el Cerro de las Viñas. De fotos y más fotos que se fueron aportando y que alguien se encargó que estén a nuestra disposición. En nuestro rincón preferido – donde nos sentamos a escribir, leer o a otras cosas – sus paredes las podemos llenar de todos nuestros paisanos y de todos los rincones de nuestro pueblo.
Ya escribí en cierta ocasión: Ninguna generación tiene también preparada como la que tiene en la actualidad Benínar.
Hoy digo: Ningún pueblo alpujarreño es capaz de seguir el ritmo impuesto por los hijos de Benínar para investigar sobre su pasado.
Todos los pueblos importantes y las ciudades tienen a uno o dos personas que son nombrados por los ayuntamientos: “Cronista oficiales”. Los benineros se autoproclamaron cronistas oficiales de su pueblo y se visitan diariamente en la Benínar virtual para seguir escribiendo SU HISTORIA.
Es Lomillas el que tiene en estos momentos el testigo y va en cabeza en el relevo incesante que se comenzó – justo en este mes hace un año - sobre todas nuestras vivencias y recuerdos. Lo he escrito bien y lo escribo en mayúsculas NUESTROS RECUERDOS BENINEROS. Lomillas - Juan Sánchez - aunque él manifiesta que le pesa la edad está demostrando que no le pesan los recuerdos y como la competición de eso se trata – que todo quede escrito - en estos momentos va en cabeza en esta carrera de relevos.
Hemos recorrido infinidad de veces, hemos metido los pies en sus aguas, hemos disfrutado del frescor de sus riveras, nos hemos enamorado y nos llegó también el desamor en algún rincón de sus orillas del río. Rio Verde, - Paco Ramón, el genuino el auténtico, el que no necesitaba ni apodo ni nada de nada para ser identificado - el que nos dice una y otra vez que por el río sigue pasando agua - sigue nevando en Sierra Nevada - aunque los tiempos modernos la detengan para reconducirla a unos huertos o invernaderos que no son de los hijos de Benínar. En Rio Verde se puede tomar el pulso de lo importante - de la conciencia heredada - que representa el agua para los beninaros, para los alpujarreños, para los almerienses.
sábado, 7 de junio de 2008
El cortijo guardado por palomas.
Cuando yo conocí dicho cortijo, apenas si tenía edad de coger almendras.
Mi padre me llevó un día de agosto a coger almendras al Meloncillo, pero el calor, los pinchos que guardaban a las almendras que habían sido abareadas, el agua que tenía un sabor, que no era cardo, pero que tampoco era agua, al estar el cántaro tapado con la albalda de la burra, y sobre todo – aún retumba en mis oídos – era el incesante canto de las chicharras. Canto realmente insoportable que se sumaba al calor de agosto, a la pelusa que soltaban las pelusas de los capotes de las almendras y – no entiendo la razón de denominarlo canto – la lamentación de aquellos insectos que puede que fuese por el calor más la época de celo que el sonido que salía de ellos, se asemejaba a las cuerdas de un violín tocado por un loco.
Cuando mi padre ve que estoy más interesado en correr detrás de las chicharras, que de coger almendras, - no se la razón – me dice que fuese al cortijo que estaba al otro lado de la rambla, que preguntase por el hijo de los dueños y le dijese que mi padre quería hablar con él.
Me monto en mi burra desaparejada, con mi sobrero de paja y me dirijo a aquella construcción que sobresalía en aquella ladera, rodeada de almendros y de olivos.
El que me llevase la burra, fue una recomendación, puesto que aquella burra, jamás reculó cuando se encontraba con un perro, por muy enfadado que éste mostrase sus colmillos. Aquella burra, jamás retrocedía, al ser sorprendida o asustada por alguna animal, o al ir por los caminos, y cayese algo rodando. Por supuesto que las sombras que se desplazaban en la noche le hacían pararse, orientar las orejas hacia ella para avisar a su dueño, pero ella impasible, esperaba acontecimientos. Cualquier animal de su especie reaccionaba dando un brinco y tirando al suelo al jinete. ¿Qué beninero no se ha caído de su bestia al asustarse ésta?. Como los melones cuando se abren, que no se sabe su dulzor, cuando se compraba una burra en la feria de Ugijar, aquel animal, no se sabía sus intenciones. A mi padre le toco la mejor burra, con diferencia de las demás.
A medicación de la cuesta antes de llegar al cortijo, me encuentro con una fuente, que apenas cinco metros de donde salía el agua había una balsa llena de agua.
Como todas las fuentes que teníamos en Beninar, aquella también estaba llena de sanguijuela y había que tener un cuidado grande para al acercarse a beber, una de ellas no entrase con el agua.
Quizás aquella balsa llena de agua en pleno verano, sería la razón de que aquella zona se le conociese por el Meloncillo. El que iba encima de la burra, quiere recordar, que en la ladera y ya en la rivera de la rambla, en medio de aquellos impresionantes olivos y almendros, había visto matas de melón y de sandía. Quiero recordar y a su vez centrar el tema con el mapa que ha aparecido en el foro, creo que los olivos más altos y con el tronco más viejo, se encontraban en los Majalones y en la zona pegada a la rambla que tenía aquel cortijo. Si aquellos olivos permanecen vivos – los del cortijo del Canónigo – en ellos se puede saber, el tiempo que alguien los sembró. Creo recordar que estos olivos no son acebuches que es la variedad de donde parten los olivos actuales. Los olivos de referencia se puede saber si están injertados y si es así, sería otro dato a tener en cuenta, para averiguar su edad.
Allí solos, la burra y el arriero, y sin tiempo controlado de llegada, haber quien le impedía darse un baño en aquellas aguas. Cuando se acercó al borde de la balsa y ve como las culebras se le habían adelantado, vuelve de nuevo a vestirse y a retomar el camino para llegar al cortijo.
Si ya el estar en el Meloncillo, era estar, en el centro del silencio, cuando se entraba en aquel cortijo, - era obligatorio pasar por una reja que siempre estaba abierta, un pasillo empedrado que a mano derecha había balcones casi a nivel de suelo con rejas, hasta que se llegaba a una especie de recibidor techado, posiblemente, donde los animales de carga, descasaban comiendo un poco de verde, mientras el gañán a su vez, descansaba dentro de la casa, - el silencio a uno le envolvía, que se hacía latente en las pulsaciones del corazón dentro de las orejas.
Por más veces que preguntaba si había alguien, allí no respondía nadie.
Sentado en la sobra, ya desestimado que en aquel cortijo hubiese persona alguna aparece una mujer, diciendo que estaba lavando y que las palomas le habían avisado que alguien había llegado al cortijo.
- Es verdad – le dice el chaval a la dueña – que aquí no tenéis perros.
- ¡Déjate de perros, que los perros no traen nada más que pulgas!. Aquí, quien me avisa que alguien se acerca al cortijo son las palomas.
- ¿Las palomas?.
- ¡Si hijo, sí!. Cuando detestan la presencia de alguien, todas salen volando del tejado, van a donde yo me encuentro o comienzan a dar vueltas volando por encima del cortijo. Para las palomas tú no puedes ser peligroso puesto que no han ido a avisarme, se han quedado dando vueltas por encima del cortijo.
Mientras aquella mujer estaba dándome toda una lección sobre el comportamiento de las palomas, se calla en seco, se me queda mirándome y dice que “no me saca por la pinta”. Los benineros cuando nos encontramos fuera del pueblo y si hace mucho tiempo que no nos vemos, solemos decir: “hasta que no he sacado la pinta, no sabía quién eras”. A aquella mujer le fallaba “la pinta” y por ello, le pregunta a recién llegado:
- ¿Y tu quien eres?. No te encuentro la pinta.
Al identificarse el chaval, le dice la dueña del cortijo:
- Es verdad, esta mañana casi despuntando el día, vi como aparecisteis por la rambla. A coger las almendras como todos los años, supongo. ¿A qué has venido?. Anda, amarra la burra en el pesebre que coma verde y me acompañas donde estoy lavando y de camino, haber si encuentras alguna fruta en el huerto.
Aquel cortijo tenía dos fuentes. La que estaba por encima del cortijo, regaba un impresionante huerto con tomates, pepinos, calabazas, etc. Desde aquel lugar se podía ver, como ya los terraos de launa del cortijo comenzaban a ser ocupados por los tomates secados al sol, los higos, los zamborinos, - era una variedad de la calabaza que se utilizaba en Beninar para alimentar a los cochinos – y las ristras de pimientos. ¡!Que ricas estaban las migas, con pimientos y tomates secos fritos – solo pasados por la sartén con un poco de aceite - y una ensalada de la habitualla - era el nombre de todo lo que producía un huerto en Beninar – con aquel aceite de color verde!. Frutas en aquel cortijo - como en todos los de la zona, - empezaban la temporada con los nísperos, los albaricoques, las brevas, los melocotones, los higos, las ciruelas, los melones, las sandías, … y aún se podían comer antes o después de los nísperos, naranjas – que empezaban en el mes de octubre y podían llegar al mes de mayo y aún los naranjos las tenían a disposición de su dueño - que aún permanecían en el árbol de la temporada pasada.
Aquel cortijo, su dueña me lo enseño por dentro y podría describirlo, pero como en la actualidad se encuentra de pié y dicen en foro “con gente dentro”, que el interesado lo visite. Lo que sí recuerdo, en especial, es que, lo que no definí como la cocina, era la primera vez, que vía una cocina en pendiente, que en el fondo estaba la gran chimenea, para calentarse y para hacer la comida.
Al otro día estaba de nuevo en el cortijo, puesto que la dueña me ofreció una par de pichones, mejor dos de un mismo nido – macho y hembra – y un tercero que estaba solo, que también me dijo que me lo podía llevar.
Los cortijos de nuestro entorno se medían por las arrobas de almendras, de aceite y de higos que producían. Nadie decía las hectáreas o metros cuadrados que tenía, se valoraba el cortijo también por las cuartillas de grano - que después de ser trilladas las gavillas - se medían en su propia era. En nuestros cortijos se tenían los mejores pares de mulos con diferencia de los que existían en el pueblo. Los que mejor araban, trillaban, los más grandes y sobre todo, los más nobles y los mejor cuidados. Quizás estos animales, su padre fuese un caballo y su madre una burra.
El par de mulos que tenía Julio el del Marchar, eran la referencia de todos los demás animales de su especie no solo en Beninar, en Turón y en Murtas. Sería interesante que nos dijese su procedencia. Lo escribo por lo siguiente:
En un libro escrito por Marañón sobre los Marqueses de los Vélez, - zona que se encuentra en el naciente de Almería – estos personajes, iban a comprar los caballos y los mulos a Jerez de la Frontera.
Los cortijos en cierto modo se diferenciaban poco unos de otros. Los cortijos eran representativos en la media de la personalidad laboriosidad de quien los estaba labrando. Desaparecía la persona o familia de dicho cortijo “que era la envidia de los demás” y dicho cortijo con sus tierras entraban en el abandono y en el olvido.
Todos coincidían en sus esplendidos huertos, sus árboles frutales, sus atrojes, y el tiempo centenario que tenían sus almendros y sobre todo sus olivos.
Dichos cortijos que en el 1600, se caracterizaban por la cantidad y ornamentación – estructura y frondosidad - de sus moreras, el que escribe, no se acuerda que en dichos cortijos se conservasen alguno de dichos árboles.
Termino, destacando unos puntos interesantes:
¿Qué opinaban los cortijeros de los que vivían en los pueblos?
¿Qué opinaban los que vivían en el pueblo de los cortijeros?.
Se pueden enlazar con: ¿Qué opinaban los de la capital de todos aquellos que llegaban de los pueblos?. ¿Y los de la capital, cuando llegaban al pueblo?.
Afortunadamente esta temática se va “disolviendo como el azúcar en el café”, pero en aquellos tiempos el tema se consideraba de cierta importancia y de cierta relevancia.
PMR.
Cuando yo conocí dicho cortijo, apenas si tenía edad de coger almendras.
Mi padre me llevó un día de agosto a coger almendras al Meloncillo, pero el calor, los pinchos que guardaban a las almendras que habían sido abareadas, el agua que tenía un sabor, que no era cardo, pero que tampoco era agua, al estar el cántaro tapado con la albalda de la burra, y sobre todo – aún retumba en mis oídos – era el incesante canto de las chicharras. Canto realmente insoportable que se sumaba al calor de agosto, a la pelusa que soltaban las pelusas de los capotes de las almendras y – no entiendo la razón de denominarlo canto – la lamentación de aquellos insectos que puede que fuese por el calor más la época de celo que el sonido que salía de ellos, se asemejaba a las cuerdas de un violín tocado por un loco.
Cuando mi padre ve que estoy más interesado en correr detrás de las chicharras, que de coger almendras, - no se la razón – me dice que fuese al cortijo que estaba al otro lado de la rambla, que preguntase por el hijo de los dueños y le dijese que mi padre quería hablar con él.
Me monto en mi burra desaparejada, con mi sobrero de paja y me dirijo a aquella construcción que sobresalía en aquella ladera, rodeada de almendros y de olivos.
El que me llevase la burra, fue una recomendación, puesto que aquella burra, jamás reculó cuando se encontraba con un perro, por muy enfadado que éste mostrase sus colmillos. Aquella burra, jamás retrocedía, al ser sorprendida o asustada por alguna animal, o al ir por los caminos, y cayese algo rodando. Por supuesto que las sombras que se desplazaban en la noche le hacían pararse, orientar las orejas hacia ella para avisar a su dueño, pero ella impasible, esperaba acontecimientos. Cualquier animal de su especie reaccionaba dando un brinco y tirando al suelo al jinete. ¿Qué beninero no se ha caído de su bestia al asustarse ésta?. Como los melones cuando se abren, que no se sabe su dulzor, cuando se compraba una burra en la feria de Ugijar, aquel animal, no se sabía sus intenciones. A mi padre le toco la mejor burra, con diferencia de las demás.
A medicación de la cuesta antes de llegar al cortijo, me encuentro con una fuente, que apenas cinco metros de donde salía el agua había una balsa llena de agua.
Como todas las fuentes que teníamos en Beninar, aquella también estaba llena de sanguijuela y había que tener un cuidado grande para al acercarse a beber, una de ellas no entrase con el agua.
Quizás aquella balsa llena de agua en pleno verano, sería la razón de que aquella zona se le conociese por el Meloncillo. El que iba encima de la burra, quiere recordar, que en la ladera y ya en la rivera de la rambla, en medio de aquellos impresionantes olivos y almendros, había visto matas de melón y de sandía. Quiero recordar y a su vez centrar el tema con el mapa que ha aparecido en el foro, creo que los olivos más altos y con el tronco más viejo, se encontraban en los Majalones y en la zona pegada a la rambla que tenía aquel cortijo. Si aquellos olivos permanecen vivos – los del cortijo del Canónigo – en ellos se puede saber, el tiempo que alguien los sembró. Creo recordar que estos olivos no son acebuches que es la variedad de donde parten los olivos actuales. Los olivos de referencia se puede saber si están injertados y si es así, sería otro dato a tener en cuenta, para averiguar su edad.
Allí solos, la burra y el arriero, y sin tiempo controlado de llegada, haber quien le impedía darse un baño en aquellas aguas. Cuando se acercó al borde de la balsa y ve como las culebras se le habían adelantado, vuelve de nuevo a vestirse y a retomar el camino para llegar al cortijo.
Si ya el estar en el Meloncillo, era estar, en el centro del silencio, cuando se entraba en aquel cortijo, - era obligatorio pasar por una reja que siempre estaba abierta, un pasillo empedrado que a mano derecha había balcones casi a nivel de suelo con rejas, hasta que se llegaba a una especie de recibidor techado, posiblemente, donde los animales de carga, descasaban comiendo un poco de verde, mientras el gañán a su vez, descansaba dentro de la casa, - el silencio a uno le envolvía, que se hacía latente en las pulsaciones del corazón dentro de las orejas.
Por más veces que preguntaba si había alguien, allí no respondía nadie.
Sentado en la sobra, ya desestimado que en aquel cortijo hubiese persona alguna aparece una mujer, diciendo que estaba lavando y que las palomas le habían avisado que alguien había llegado al cortijo.
- Es verdad – le dice el chaval a la dueña – que aquí no tenéis perros.
- ¡Déjate de perros, que los perros no traen nada más que pulgas!. Aquí, quien me avisa que alguien se acerca al cortijo son las palomas.
- ¿Las palomas?.
- ¡Si hijo, sí!. Cuando detestan la presencia de alguien, todas salen volando del tejado, van a donde yo me encuentro o comienzan a dar vueltas volando por encima del cortijo. Para las palomas tú no puedes ser peligroso puesto que no han ido a avisarme, se han quedado dando vueltas por encima del cortijo.
Mientras aquella mujer estaba dándome toda una lección sobre el comportamiento de las palomas, se calla en seco, se me queda mirándome y dice que “no me saca por la pinta”. Los benineros cuando nos encontramos fuera del pueblo y si hace mucho tiempo que no nos vemos, solemos decir: “hasta que no he sacado la pinta, no sabía quién eras”. A aquella mujer le fallaba “la pinta” y por ello, le pregunta a recién llegado:
- ¿Y tu quien eres?. No te encuentro la pinta.
Al identificarse el chaval, le dice la dueña del cortijo:
- Es verdad, esta mañana casi despuntando el día, vi como aparecisteis por la rambla. A coger las almendras como todos los años, supongo. ¿A qué has venido?. Anda, amarra la burra en el pesebre que coma verde y me acompañas donde estoy lavando y de camino, haber si encuentras alguna fruta en el huerto.
Aquel cortijo tenía dos fuentes. La que estaba por encima del cortijo, regaba un impresionante huerto con tomates, pepinos, calabazas, etc. Desde aquel lugar se podía ver, como ya los terraos de launa del cortijo comenzaban a ser ocupados por los tomates secados al sol, los higos, los zamborinos, - era una variedad de la calabaza que se utilizaba en Beninar para alimentar a los cochinos – y las ristras de pimientos. ¡!Que ricas estaban las migas, con pimientos y tomates secos fritos – solo pasados por la sartén con un poco de aceite - y una ensalada de la habitualla - era el nombre de todo lo que producía un huerto en Beninar – con aquel aceite de color verde!. Frutas en aquel cortijo - como en todos los de la zona, - empezaban la temporada con los nísperos, los albaricoques, las brevas, los melocotones, los higos, las ciruelas, los melones, las sandías, … y aún se podían comer antes o después de los nísperos, naranjas – que empezaban en el mes de octubre y podían llegar al mes de mayo y aún los naranjos las tenían a disposición de su dueño - que aún permanecían en el árbol de la temporada pasada.
Aquel cortijo, su dueña me lo enseño por dentro y podría describirlo, pero como en la actualidad se encuentra de pié y dicen en foro “con gente dentro”, que el interesado lo visite. Lo que sí recuerdo, en especial, es que, lo que no definí como la cocina, era la primera vez, que vía una cocina en pendiente, que en el fondo estaba la gran chimenea, para calentarse y para hacer la comida.
Al otro día estaba de nuevo en el cortijo, puesto que la dueña me ofreció una par de pichones, mejor dos de un mismo nido – macho y hembra – y un tercero que estaba solo, que también me dijo que me lo podía llevar.
Los cortijos de nuestro entorno se medían por las arrobas de almendras, de aceite y de higos que producían. Nadie decía las hectáreas o metros cuadrados que tenía, se valoraba el cortijo también por las cuartillas de grano - que después de ser trilladas las gavillas - se medían en su propia era. En nuestros cortijos se tenían los mejores pares de mulos con diferencia de los que existían en el pueblo. Los que mejor araban, trillaban, los más grandes y sobre todo, los más nobles y los mejor cuidados. Quizás estos animales, su padre fuese un caballo y su madre una burra.
El par de mulos que tenía Julio el del Marchar, eran la referencia de todos los demás animales de su especie no solo en Beninar, en Turón y en Murtas. Sería interesante que nos dijese su procedencia. Lo escribo por lo siguiente:
En un libro escrito por Marañón sobre los Marqueses de los Vélez, - zona que se encuentra en el naciente de Almería – estos personajes, iban a comprar los caballos y los mulos a Jerez de la Frontera.
Los cortijos en cierto modo se diferenciaban poco unos de otros. Los cortijos eran representativos en la media de la personalidad laboriosidad de quien los estaba labrando. Desaparecía la persona o familia de dicho cortijo “que era la envidia de los demás” y dicho cortijo con sus tierras entraban en el abandono y en el olvido.
Todos coincidían en sus esplendidos huertos, sus árboles frutales, sus atrojes, y el tiempo centenario que tenían sus almendros y sobre todo sus olivos.
Dichos cortijos que en el 1600, se caracterizaban por la cantidad y ornamentación – estructura y frondosidad - de sus moreras, el que escribe, no se acuerda que en dichos cortijos se conservasen alguno de dichos árboles.
Termino, destacando unos puntos interesantes:
¿Qué opinaban los cortijeros de los que vivían en los pueblos?
¿Qué opinaban los que vivían en el pueblo de los cortijeros?.
Se pueden enlazar con: ¿Qué opinaban los de la capital de todos aquellos que llegaban de los pueblos?. ¿Y los de la capital, cuando llegaban al pueblo?.
Afortunadamente esta temática se va “disolviendo como el azúcar en el café”, pero en aquellos tiempos el tema se consideraba de cierta importancia y de cierta relevancia.
PMR.
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